Dejar de ser un mero grafitti y volverse trascendente. De eso se trata vivir. Que la gente no te vea como adorno en la pared. Que la gente pase por tu lado y que no te mire como si viese algo a través de ti. No ser una constante desaparecida. No ser una especie de cuadro de un autor desconocido, cuyo destino se reduce a ser un guardapolvo.
Entonces pienso que sí, soy un grafitti, soy un adorno en la pared, soy un vidrio, soy una desaparecida y soy un cuadro de un autor desconocido y destinado a ser un guardapolvo.
Me felicito: estoy condenada a la soledad.
Pero bueno, no todo puede ser tan malo. Hay gente que le da hijos a la soledad. Que la soledad es el mejor amigo del hombre, que uno puede pensar más tranquilo… Aunque en mi cabecita sólo hay odio. Esa cosa pegajosa que no se te quita con nada. Intentas limpiarlo y lo único que consigues es una mancha que no ha de salir en mucho tiempo.
La tónica de esta semana ha sido la siguiente: escudarme en mis amigos, escribir pelotudeces en mi agenda, arrancar, cantar en los pasillos, joder al pueblo y hacer un millón de pegas para no molestar a ni un huevón más y así distraerme de todo este quilombo. A veces, preferiría también soñar sin sueños. No quiero ver más a un imbécil que detesto con toda mi alma fornicando con reptiles y anfibios.
Y está lo “otro”. ¿Renunciar? Me aburrí. Siento que ya no vale la pena seguir luchando por alguien que no pesca. Prefiero volver al huevo y empezar todo otra vez. Desde el principio, con calma, con una sonrisa verdadera en el rostro.
Esta es la parte en donde rompo a llorar y empiezo a recordar las circunstancias por las cuales estoy sola, en términos amorosos. Las razones por las cuales me casé simbólicamente por Facebook. Las razones por las cuales estoy de pie ahora, soportando el peso de mis tristes recuerdos. Por mí, le tiraría la mochila en la cabeza a aquel idiota y le recordaría que su estúpida sonrisa en una página del Departamento de Física fue gracias a que me pateó ordinariamente.
Podría decirse, en otras palabras, que todas las energías invertidas en distraerme me recuerdan que no he enfrentado lo esencial. En todo caso, ya deben cachar los pocos pelotudos que leen este blog que me carga perder. Sobre todo de manera tan estúpida.
Pero bueno, convengamos en que caminaré por los pasillos de la U con una cara de póker que no me la podré. Sonriendo y cantando canciones inventadas. Esperando a que llegue algún macho alfa que me regale flores y me diga que me ama. Y yo le diré que se vaya bien a la chucha, que no me interesa volver a pololear nunca más y que por mí viviría sola el resto de mi vida, porque lo único que hago en este puto mundo es amar a personajes completamente imposibles. Que, como dijo algún comedido por ahí, estoy condenada a no tener sexo nunca más, cosa que por supuesto me tiene sin cuidado. Y que he sufrido demasiado como para que vuelvan a hacerme promesas de mierda que yo sé que nunca se cumplirán.
No falta el pelotudo-jaguar-homofóbico que pregunta: “‘¿Entonces erí lela?”. La ignorancia protomasculina recae en dicha pregunta. ¿Acaso estos idiotas no entienden lo que es “estar sola”? No quiero vivir tatuándoles en la frente a estos idiotas dicho propósito.
Las lágrimas se acabaron. Supongo que esto es lo que debe hacer una señorita con síndrome pre-menstrual. Por favor, no me hagan explicar semejante pelotudez. Búsquenlo en Wikipedia.
Mejor me largo a la cama. Buenas noches, Lobo, si es que todavía lees estas absurdas líneas. Por ti no me rendiría, pero te quedaste aullándole a la luna. Te pierdes y no dices nada. No importa. Tu deber es arrancar de mí. Porque al fin y al cabo, soy una bala de plata…
09/04/2010
Categorías: Uncategorized . Etiquetas:amor, bala de plata, cuadro, departamento de fisica, desprecio, dfi, grafitti, guardapolvo, lobo, macho alfa, odio, sexo, soledad, vidrio . Autor: silverbullet . Comentarios: Dejar un comentario