Revolución Chumanista

Finalmente lo logré, señores. Después de seis meses de rabias, frustraciones y traumas personales, pude tomar una rica chela y el Manquehuito de mi gran Ró en Beauchef. Sí, señores, en la facultad de los ñoños matemáticos, aunque ya empiezo a retirar el apodo peyorativo y estoy empezando a quererlos más.

Porque después de todo, el miedo salió de mi cuerpo y se transformó en valor. Una especie de exorcismo. Como que vi a aquel personaje que me dejó como la mierda durante estos seis meses y comprendí que ni siquiera valía la pena echarle la foca. Arrancó como una rata, a lo mejor porque ya no le interesábamos en absoluto, claro está, si tiene el orgullo del porte de donde estudia. O, posiblemente, le dio cosa ver a su ex polola preparándose para carretear con sus amigos. Quién sabe…

Pero bueno. Después de soñar con la “pseudo-muerte” de un gran personaje del espectáculo, escribo estas líneas para anunciar mi libertad absoluta. Al fin me deshice de los recuerdos que tanto me atormentaban. Ya no siento nada, ni una pizca de nostalgia. Igual confieso que me quedé con un uno por ciento de “sácale la chucha, Pame” o “échale la foca Pame” o “maldito maricón ingeniero en cornamentas, ni te acerques ni le sigas posteando a mis amigos como si fueras un pobre y patético cinico, tu conciencia no se la puede, carajo, lo sabí bien, no sacas nada con quedar bien frente a los demás porque no eres más que un pobre weón”.

En fin, me resta agradecer a la gente que me apañó durante la hermosa gesta, a la gente que no pudo estar conmigo y a la gente que conocí ese día. Siento que comienzo una nueva etapa en mi vida. Al fin, mi corazón se siente libre.

A modo de despedida, por favor, con el respeto que se merecen los amigos que me han apañado, concédanme unos cuantos caracteres de confianza…

¡FELIZ NO ANIVERSARIO, CTM! ¡HASTA NUNCA!

Gracias, hasta otro disparo escrito, amados lectores.

Comunicado

Así de simple. Renuncio.

Al parecer, me he equivocado de co-protagonista.

Pero no importa. Igual seguiré buscando otros finales felices.

Apología al Desprecio

Dejar de ser un mero grafitti y volverse trascendente. De eso se trata vivir. Que la gente no te vea como adorno en la pared. Que la gente pase por tu lado y que no te mire como si viese algo a través de ti. No ser una constante desaparecida. No ser una especie de cuadro de un autor desconocido, cuyo destino se reduce a ser un guardapolvo.

Entonces pienso que sí, soy un grafitti, soy un adorno en la pared, soy un vidrio, soy una desaparecida y soy un cuadro de un autor desconocido y destinado a ser un guardapolvo.

Me felicito: estoy condenada a la soledad.

Pero bueno, no todo puede ser tan malo. Hay gente que le da hijos a la soledad. Que la soledad es el mejor amigo del hombre, que uno puede pensar más tranquilo… Aunque en mi cabecita sólo hay odio. Esa cosa pegajosa que no se te quita con nada. Intentas limpiarlo y lo único que consigues es una mancha que no ha de salir en mucho tiempo.

La tónica de esta semana ha sido la siguiente: escudarme en mis amigos, escribir pelotudeces en mi agenda, arrancar, cantar en los pasillos, joder al pueblo y hacer un millón de pegas para no molestar a ni un huevón más y así distraerme de todo este quilombo. A veces, preferiría también soñar sin sueños. No quiero ver más a un imbécil que detesto con toda mi alma fornicando con reptiles y anfibios.

Y está lo “otro”. ¿Renunciar? Me aburrí. Siento que ya no vale la pena seguir luchando por alguien que no pesca. Prefiero volver al huevo y empezar todo otra vez. Desde el principio, con calma, con una sonrisa verdadera en el rostro.

Esta es la parte en donde rompo a llorar y empiezo a recordar las circunstancias por las cuales estoy sola, en términos amorosos. Las razones por las cuales me casé simbólicamente por Facebook. Las razones por las cuales estoy de pie ahora, soportando el peso de mis tristes recuerdos. Por mí, le tiraría la mochila en la cabeza a aquel idiota y le recordaría que su estúpida sonrisa en una página del Departamento de Física fue gracias a que me pateó ordinariamente.

Podría decirse, en otras palabras, que todas las energías invertidas en distraerme me recuerdan que no he enfrentado lo esencial. En todo caso, ya deben cachar los pocos pelotudos que leen este blog que me carga perder. Sobre todo de manera tan estúpida.

Pero bueno, convengamos en que caminaré por los pasillos de la U con una cara de póker que no me la podré. Sonriendo y cantando canciones inventadas. Esperando a que llegue algún macho alfa que me regale flores y me diga que me ama. Y yo le diré que se vaya bien a la chucha, que no me interesa volver a pololear nunca más y que por mí viviría sola el resto de mi vida, porque lo único que hago en este puto mundo es amar a personajes completamente imposibles. Que, como dijo algún comedido por ahí, estoy condenada a no tener sexo nunca más, cosa que por supuesto me tiene sin cuidado. Y que he sufrido demasiado como para que vuelvan a hacerme promesas de mierda que yo sé que nunca se cumplirán.

No falta el pelotudo-jaguar-homofóbico que pregunta: “‘¿Entonces erí lela?”. La ignorancia protomasculina recae en dicha pregunta. ¿Acaso estos idiotas no entienden lo que es “estar sola”? No quiero vivir tatuándoles en la frente a estos idiotas dicho propósito.

Las lágrimas se acabaron. Supongo que esto es lo que debe hacer una señorita con síndrome pre-menstrual. Por favor, no me hagan explicar semejante pelotudez. Búsquenlo en Wikipedia.

Mejor me largo a la cama. Buenas noches, Lobo, si es que todavía lees estas absurdas líneas. Por ti no me rendiría, pero te quedaste aullándole a la luna. Te pierdes y no dices nada. No importa. Tu deber es arrancar de mí. Porque al fin y al cabo, soy una bala de plata…

Resurrección

Convengamos en que no debí despertar hoy. No debí abrir los ojos.

Pero alguna fuerza extraña, algún sueño estúpido, alguna fuerza invisible, hizo que hoy despertara.

Resucitar para salvar.

Yo podré salvar a miles.

Pero a mí… nadie.

Sin miedo a perder

Cuesta mantenerse de pie. No falta el que te empuja para que te caigas al vacío. Pero tampoco falta quien te tiende la mano para salvarte. Después, miras hacia el frente y te das cuenta que nada ocurre en vano. De repente, la rabia te puede invadir con la velocidad que corre la sangre por tu cuerpo. Pero de pronto esa persona que amas te sonríe. Aunque parezca inalcanzable, no importa. Sigues buscando esa sonrisa.

Añoras esa sonrisa. Sueñas con el brillo de sus ojos. Entonces te pones a buscar en los ojos de los demás ese brillo tan especial. Y descubres que tu búsqueda se transforma en una meta a alcanzar. Y ahí empieza tu lucha.

Porque, créanme. Como bien decía Francis Cabrel, ustedes pueden destrozar todo aquello que ven. Pero él vendrá y con su sonrisa lo reconstruirá todo. Todo de un soplo. Como nació aquel cariño que siento ahora.

No se trata de una conquista forzada, ni de una tortura diaria, ni de un enfrentamiento pacífico. Se trata de buscar esa sonrisa que hace que tu día cambie, que en lugar de llegar a la U con cara de muerta viva, muestres los malditos dientes que escondes por el mero hecho de ser un ser gris. Empiezas a luchar por ese amigo o amiga que te salvó la vida. Por ese amigo que amas, aunque esté tan cerca y a la vez tan lejos de ti.

Por ahora, no tengo miedo de perder. Ustedes tampoco. Nada más comparto estas líneas porque deberían hacer este ejercicio. Créanme: vale la pena y los días que perdemos por dejar de sonreír.

He de buscar. He de luchar. He de ganar.

Inconcluso

Entre el optimismo y la realidad.

Me estoy portando como una idiota amable.

Quiero pensar que soy una mina trascendente.

De pronto, desearía tener amnesia.

Dolería menos.

El comienzo

Todo comenzó bien.
Un día genial…

Lucharé para que hayan más días geniales.
Sobre todo, para que comiencen tan bien…

Sin palabras

Me robaron la voz, pero no es motivo para quedarse callada. Hay maneras de decir las cosas sin gritarlas.

Pareciera ser que estoy desesperada. Enjaulada. Me pregunto cuándo un león ha sido feliz en una jaula…

Pero abrir el hocico para reclamar sigue siendo peligroso.

Intentaré dormir bien. Hoy me dijeron varias veces que tenía cara de tuto.

Si las máscaras hablaran…

Sin defensas

Duele, ¿verdad?

Duelen demasiado esas palabras.

Cuando resuenan en tus oídos. Cuando recuerdas aquel día.

Mis lágrimas no dejan de correr por mis mejillas.

Deseo un abrazo. Alguien que me acompañe esta noche. No quiero más peluches, ni ratones, ni metforminas.

Otra noche triste…

Hoy me fui en la micro. Sentí un desgarro en los ojos. Luego, el brote.

Al llegar al paradero de Irarrázaval, se agolpó la rabia.

Bajé de la micro y comprendí, en otras palabras, que estaba completamente perdida.

Porque mientras más lucho, más me hundo…

… y eso no me deja respirar.

Sin corazón

Mi mamá siempre me dice que el “no puedo” no existe.

Sin embargo, es inútil. No puedo ser canalla por un día.

No puedo ser una maraca que defiende sus sentimientos.

Por ende, no puedo hablar todavía.

Mañana nublada. Tarde de sol.

No noté el cambio…

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.